Rosalía de Castro: 180 ‘bocados’ de gloria

Rosalía de Castro: 180 ‘bocados’ de gloria

Un 24 de febrero de 1837 venía al mundo la gran Rosalía de Castro, la excelsa poetisa gallega que encumbró como nadie la lengua gallega. Este 2017 se conmemora el 180 aniversario de su nacimiento y en muchos pueblos y ciudades gallegas se homenajea su figura. Pero si en algún  sitio se le quiere a Rosalía coma a una hija, ese lugar es Padrón. Y de este pueblo llega una de las muestras de admiración más originales: Plasmar en un plato la receta que aparece en uno dos sus poemas. Se trata del ‘Caldo de Gloria’ con el ‘bolo do pote’ (bollo del pote), una comida simple coma pocas, fruto de la pobreza, que un siglo después la hostelería padronesa convierte en vanguardia.

En un recetario, el ‘Caldo de Gloria’ no ocuparía más que la carilla de una hoja. Los ingredientes únicamente son tres: coles, unto y patatas. ¿Y qué decir del ‘bolo do pote’? Pues también muy simple. Se amasa harina de maíz y de centeno, se hace un bollo con la masa y me introduce en la propia olla del caldo para cocer.

La idea de homenajear de esta forma a la poetisa gallega es reciente. El restaurante-pulpería Rial de Padrón fue uno de los establecimientos pioneros. Ya en 2016, festejaron el día del nacimiento de Rosalía sirviendo a sus clientes una tapa con este caldo y un trozo del bollo. Este año, una veintena de locales de restauración de Padrón se unen a esta iniciativa, auspiciada por el Concello y la Fundación Rosalía de Castro.

Lidia Angueira, fundadora del Rial, no agacha su orgullo de ser del mismo lugar que Rosalía. Para esta mujer era una necesidad hacer algo para que la figura de la poetisa fuese todavía más conocida. Que su obra llegase a cuanta más gente mejor a  través de sus escritos y, por qué no, también a través del estómago.

‘Vin de Santiago a Padrón’ (…). Así empieza el poema en el Rosalía nombra el caldo de gloria y el ‘bolo do pote’. Esta poesía narra como una mujer, de vuelta a su casa de Padrón, mojada por la lluvia y muerta de hambre, solo podía pensar en comer. Sin nada de dinero y sin encontrar la solidaridad de ningún vecino, lo único comestible que consigue encontrar en su hogar son los tres ingredientes necesarios para hacer este caldo.

Lidia Angueira cuenta que el ‘bolo do pote’ es una tradición muy arraigada en varios sitios de Galicia. Aunque normalmente este pan se cocía en el horno, la escasez de leña para calentarlo hizo despertar el ingenio. Fue así como alguien probó a meter el bollo en el agua del caldo. Coma dice el dicho… ‘la necesidad hace virtud’.

Vin de Santiago a Padrón (…) Rosalía de Castro

«Miña casiña, meu lar,
¡cántas onciñas
de ouro me vals!

Vin de Santiago a Padrón
cun chover que era arroiar,
descalciña de pe e perna,
sin comer nin almorzar.
Polo camiño atopaba
ricas cousas que mercar,
i anque ganas tiña delas
non tiña para as pagar.
Nos mesóns arrecendía
a cousas de bon gustar,
mais o que no ten diñeiro
sin elas ten que pasar.
Fun chegando á miña casa
toda rendida de andar,
non tiña nela frangulla
con que poidera cear.
A vista se me barría,
que era aquél moito aunar.
Fun á porta dun veciño
que tiña todo a fartar;
pedínlle unha pouca broa
e non ma quixo emprestar.
As bagullas me caían,
que me fora a avergonzar.
Volvínme á miña casiña
alumada do luar;
Rexistréi cada burato
para ver de algo atopar;
atopéi fariña munda,
un puñiño a todo dar.
Vino no fondo da artesa.
Púxenme a Dios alabar.
Qixen alcendelo lume;
non tiña pau que queimar;
funllo a pedir a unha vella;
tampouco mo quixo dar,
si non era un toxo verde
para me facer rabiar.
Volvín triste como a noite
a chorar que te chorar;
collín un feixe de palla,
do meu leito o fun pillar;
rexistréi polo cortello
mentras me puña a rezar
e vin uns garabulliños
e fieitos a Dios dar.
¡Meu San Antón milagroso,
xa tiven fogo no lar!
Arriméi o pote ó lume
con augua para quentar.
Mentras escarabellaba
na cinza, vin relumbrar
un ichavo de fertuna…
¡Mixa Virxe do Pilar!
Correndiño, correndiño
o fun en sal a empregar;
máis contenta que unhas páscoas
volvín a porta a pechar,
e na miña horta pequena
unhas coles fun catar.
Con un pouco de unto vello
que o ben soupen aforrar,
e ca fariñiña munda,
xa tiña para cear.
Fixen un caldo de groria
que me soupo la mar;
fixen un bolo do pote
que era cousa de envidiar;
despóis que o tiven comido,
volvín de novo a rezar;
e despóis que houben rezado,
puxen a roupa a secar,
que non tiña fío enxoito
de haber tanto me mollar.
Nantramentras me secaba,
púxenme logo a cantar
para que me oíran
en todo o lugar:

          Meu lar, meu fogar,
¡cántas onciñas
de ouro me vals!»

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