Arenques y castañas

Arenques y castañas

Por Miguel Vila

Este otoño lluvioso se presta especialmente para sentarse al pie de la lareira a merendar unas castañas asadas mientras la furia de los elementos se abate sobre las ventanas. A mí las castañas asadas me gusta acompañarlas con un buen tinto, de la Ribeira Sacra por ejemplo

Las castañas son uno de esos productos con los que a los gallegos se nos llena la boca de palabras cariñosas, aunque después hagamos poco uso de ellos en la mesa. Puede que cada vez menos

Me parece a mí que hoy el mayor consumo de castañas que se hace es asadas, que hasta hace poco más de medio siglo se consideraban más una golosina que un alimento, tal como aseguró el etnógrafo Xaquín Lourenzo, Xocas, cuando escribió por aquel entonces sobre la alimentación de los gallegos

Caldo de castañas, castañas con chorizos o con tocino, castañas con leche, castañas con arenques… todos son platos de nuestro pasado inmediato, al que culinariamente parece que muchos adultos han renunciado, puede que para sacar de su cabeza hambres pasadas que se mataban, o intentaban matar, con estos alimentos. “Ramón Blanco come dos arenques para abrir el apetito y yo con uno tengo que cerrarlo” aseguraba un paisano de O Valadouro, mientras tomaba un vino y una tapa de queso en la Barra, hace ya muchos años.

Pero la cosa iba de castañas con arenques, que comí en otros tiempos con relativa frecuencia. Era yo niño entonces. En la mesa se ponía la fuente de castañas, calientes, acabadas de cocer, y la de los arenques. Cada uno cogía de unas y de otros, los arenques entre dos hojas de papel de estraza para golpearlos con la palma de la mano encima de la mesa, de manera tal que las escamas y la piel del pescado quedaban pegadas al papel. Yo era niño por entonces y mis manos no ejercían la fuerza suficiente, así que iba el arenque, envuelto en el papel de estraza, a posarse en el marco de la puerta de la cocina, sujeto con la mano derecha, mientras con la izquierda empleaba la palanca que suponía la puerta para conseguir el mismo resultado que los adultos conseguían a golpes.

Podría hablarles también de la tortilla de arenques… pero queda para otra ocasión.

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