Alvaro Cunqueiro

La empanada madrileña

Miguel Vila

Se coló un duende burlón en el ayuntamiento de Madrid (igual enloqueció con el calor de estos días) para que la administración municipal haga el ridículo de meter en el mismo saco a generales golpistas causantes de la guerra civil, como es el caso de Mola, y escritores que cometieron el error de sobrevivir. ¡Menuda empanada mental la de algunos!

Álvaro Cunqueiro puede perder su calle en Madrid porque durante la guerra y los tres años posteriores a la misma militó en Falange. La calle no se la dieron por esa militancia, puede que causada por el afán de supervivencia, sino por una obra literaria y periodística incomparable que lo convierte en uno de los mejores escritores gallegos y españoles del siglo XX. La obra de sesenta años de trabajo de un galleguista universal que no está solo en la lista de escritores cuyo nombre podría desaparecer de las calles madrileñas. Entre otros lo acompaña el también gallego Julio Camba, que si tiene calle en Madrid es también por su obra, no por sus simpatías políticas.

Ambos dejaron algunas de las más grandes páginas literario-gastronómicas-periodísticas del siglo XX. El mejor desagravio que se les puede hacer a ambos es leer su obra. “La casa de Lúculo” de Camba, es un prodigio de humor y juegos de palabras en un libro gastronómico. En otros, como “Etc.” Camba indica que, contra lo que se piensa, el primer comedor de ranas o caracoles no tenía hambre, sino que estaba harto de pollos y bistés, y asegura que las grandes innovaciones gastronómicas no se deben al hambre. Un adelantado a nuestro tiempo. También cuenta como en Londres llegó a detestar las sardinas por causa de los huevos de pingüino que estaban de moda y sabían a sardinas. El libro no es fácil de encontrar, ya se lo aviso, a no ser que en la madrileña Cuesta de Moyano quede algún ejemplar de los varios que quedaban cuándo yo lo compré, hará unos treinta años.

En el caso de Cunqueiro, dejen por una vez a un lado sus tres libros puramente gastronómicos y abran las páginas de “Merlín y familia”, “Las crónicas del Sochantre” o “Si el viejo Simbad volviese a las islas” y verán como la gastronomía está permanentemente presente en la obra en prosa del mindoniense, sean novelas, cuentos, relatos o artículos periodísticos. Hasta en las revista de destape de finales de la década de los setenta escribió Cunqueiro sobre gastronomía, aunque con un cierto tono picante que exigían las publicaciones.

Seguro que sumergidos en las páginas de Cunqueiro y Camba olvidan el insulto a la inteligencia que supone la cuestión madrileña.

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