Melindres ricos y almendrados, el trío de ases de Melide

Melindres ricos y almendrados, el trío de ases de Melide

Miguel Vila. Cada segundo domingo de mayo, Melide viste sus mejores galas para festejar a sus productos más conocidos, los melindres, que van a la fiesta de la mano de “ricos” y “almendrados”, no menos melidenses y deliciosos aunque menos conocidos.

Pocas localidades gallegas, por no decir ninguna, prestan tanta atención como Melide a sus dulces tradicionales, hasta el punto de que el ayuntamiento coruñés cuenta con la Asociación de Repostería Tradicional Melide Terra Doce, que integra a todos los establecimientos que en la villa elaboran los tres dulces tradicionales mencionados, y otros menos conocidos como las rosquillas de sartén del Carnaval.

La elaboración de los melindres lleva aparejada la de los almendrados, y viceversa. Se trata de no desaprovechar ninguno de los elementos que se emplean en la producción de unos y otros, ya que sí para los melindres son precisas abundantes yemas de huevo, la claras de los mismos son elemento imprescindible para los almendrados. La pareja perfecta para aprovechar los huevos completamente.

El tercer elemento de la repostería tradicional melidense son los “Ricos”, con mayúscula bien merecida porque se trata de un dulce exclusivo de esta localidad coruñesa. A los ricos los huevos van enteros, pero no son los elementos determinantes de su composición, sino la mantequilla cocida, mantequilla de vaca sometida a una cocción prolongada, de manera que el agua que contiene desaparece y los sólidos lácticos se depositan en el fondo de la cazuela o nadan en la superficie y son fácilmente eliminables, quedando exclusivamente la grasa de la leche.

Una forma antigua de conservar un elemento muy caduco como es la mantequilla de vaca, pero también una técnica que modifica de forma importante las características del mismo. La mantequilla cocida transmite a los ricos, y a cualquier otro dulce que se elabore con ella, como “bicas” y otros, el aroma y sabor que mejor define a la pastelería tradicional gallega. Esa mantequilla es el verdadero alma de los dulces más antiguos de nuestra tradición, y en Melide le dan forma de rico, una galleta repleta de picos que obliga a comerla con calma, sin prisa, de manera que se aprecian mejor sus sabores y aromas.

Los ricos están profundamente arraigados en la tradición popular, hasta el punto de que el aparato empleado para formarlos es, en realidad, un útil destinado inicialmente a embutir chorizos de forma manual. Una muestra más de la capacidad que nuestros antepasados mostraban para aprovechar los recursos de que disponían.

Junto a la rusticidad de los ricos, melindres y almendrados ofrecen una cara más exquisita, pero juntos los tres componen un trío de ases siempre ganador. Acompañados de una copa de vino dulce el trío se convierte en póquer, y si el vino es tostado, como recomendaba Cunqueiro, no hay jugada mejor.

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