Melindres y vino tostado

Para melindres, un trago de tostado recomienda Cunqueiro

Miguel Vila

Llega en pocas semana la Fiesta del Melindre y de la Repostería Tradicional Terra de Melide y recuerdo mis deberes desde que el año pasado fui nombrado Embajador del Melindre (y de los Ricos… por elección propia) y, mientras se me hace la boca agua recordando un bocadito de cada, miro si Álvaro Cunqueiro escribió algo sonado y destacado sobre estos dulces tradicionales.

Quedo algo fastidiado cuando veo como hace ya cincuenta y tres años el mindoniense pasó por Melide en aquella peregrinación jacobea que hizo en un Seiscientos, en compañía del fotógrafo Magar, y no le dieron a probar ni unos ni otros. Bebió en la villa un vino que no le hizo ni pizca de gracia (“un tinto de la Ulla que a final de año ya está muerto”) y recordó el paso por la villa de un incierto Lanzarote de Tour D’Auvergne, francés de la Casa de Bouillón que habría fallecido en la villa camino de Santiago. Tampoco cuenta si antes del deceso Lanzarote había probado melindres y ricos, pero sí que el francés completó la peregrinación a Compostela de una manera un tanto peculiar: sus criados le arrancaron el corazón y lo llevaron hasta los pies del Apóstol en una caja de plata, para después regresar con el cadáver a Sedán. No tendrían mucha compaña en el viaje de vuelta al norte a causa de los olores del difunto!.

Cunqueiro repara en los melindres en La Cocina Gallega y asegura que la mejor compañía es un trago de tostado, que cuando escribió el libro era bien escaso y hoy es bien costoso, que no caro. El acompañamiento que recomienda el mindoniense es muy bueno, pero tampoco le pongo reparos a un melindre mojado en un buen tinto, que para todo hay gente, o con cualquiera de los vinos dulces que van sacando las bodegas gallegas al mercado.

Encuentro otra referencia en Un hombre que se parecía a Orestes, esa novela en la que se mezclan los tiempos actuales con los de la guerra de Troya o los de los mosqueteros de Francia. Tal parece que los guionista de El Ministerio del Tiempo hubieran viajado a los años sesenta en que se publicó la novela o, más fácil aun, a la librería más próxima. Cunqueiro, ya se sabe, era muy amigo de juntar y mezclar distintas épocas y personajes en una misma novela, y llevar a esos personajes a épocas diferentes a las que, por tradición, les corresponde.

En el Orestes un chaval rubio lleva melindres y vino dulce a una “pupila” a la que visitaba de vez en cuando, rubio que acabó de mala manera en las manos de los inquisidores de la época.

Si voy a Melide por la Fiesta del Melindre preguntaré si alguien sabe algo de Lanzarote. Rubios ya he visto algunos por allí.

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