Pénjamo, de dulce a ranchera

Pénjamo, de dulce a ranchera

Por Miguel Vila

“Que me sirvan las copas por Pénjamo
soy de Pénjamo, soy de Pénjamo…”

Pedro Infante me volvió loco en mi infancia, especialmente cuando su canción sonaba en la radio al tiempo que yo disfrutaba de un buen trozo de Pénjamo recién traído de la panadería o cuando me disponía a cumplir el recado de mi madre, que me colocaba en una bolsa los huevos, el aceite, el azúcar y el anís y me mandaba llevarlos a la panadería para que nos hiciesen un rico Pénjamo.

¡Qué importantes eran nuestros dulce, que hasta un cantante mejicano hablaba de ellos en sus canciones!, pensaba de niño. Aunque aquello de las “copas” me descolocaba un poco (parece que en realidad la canción dice “que me sirvan las cosas por Pénjamo”).

La cosa se complicó, y de qué manera, cuando supe que un barrio de Viveiro lleva el nombre de Pénjamo. ¡No era posible tanta confusión!.

Durante años, tal vez décadas, el Pénjamo desapareció de mi vida. Y volvió recientemente cuando alguien de la familia me preguntó si tenía la receta. ¡Pénjamo, que rico!. Pero yo no la tenía, aunque apareció rápido ya que es un dulce popular en el norte de Lugo.

Y de nuevo me encontré con él cuando Galaxia puso en mis manos las libretas de recetas de Elvira González-Seco, la esposa de Álvaro Cunqueiro, para seleccionar y editar material para “A cociña dos Cunqueiro” que acaba de publicar la editorial. Allí estaba, de nuevo, la receta. No podía ser de otra manera siendo Elvira de Mondoñedo y habiendo sido recopiladas las recetas a partir de la década de los sesenta del siglo pasado, precisamente cuando mi cabeza se liaba con el eje Valadouro-Viveiro-Méjico.

Ni que decir tiene que la receta está en el libro. No solo porque se trata de un dulce delicioso sino porque, además, no la encontré publicada en ningún otro sitio, al menos bajo esa denominación.

Y no es menos cierto que sigo sin saber qué tienen que ver el dulce, el barrio vivariense y la localidad mejicana.

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