Michelín se fue y quedamos los de siempre

Miguel Vila

Michelin se acercó a Santiago a entregar sus estrellas por los mismos motivos que el año pasado fue a Marbella: van allí donde se lo ponen fácil y los financian generosamente.

Y, por lo menos en Santiago, no tuvieron el tacto de invitar a los periodistas especializados en gastronomía que desarrollan su labor en Galicia. Pocos y pequeños, pero entre todos sumamos algunos cientos de miles de lectores y oyentes, precisamente los que con sus impuestos financian un acto que, sin duda, tiene una importante repercusión a nivel nacional e internacional.

Para los de la casa ni las migajas. Ni siquiera la deferencia de responder a las llamadas telefónicas, a los correos electrónicos o a los mensajes de wahtsapp, confirmados con dos rayas azules.

Se ve que viven en otro mundo, más allá de las estrellas. BenBo se debe a sus lectores y por eso procuramos informar de inmediato sobre la nueva estrella gallega ganada por Casa Marcelo y las doce que conservan los que ya la tenían, sin prestar más atención al desprecio mostrado por los responsables de la guía para nos y para nuestros lectores.

Ellos ya se marcharon y aquí quedamos los de siempre.

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