OIGA, QUE RICO ES EL OTOÑO ¿NO?

OIGA, QUE RICO ES EL OTOÑO ¿NO?

Mientras Adán esperaba pacientemente la caída de las hojas que cubrían a Eva, fundamentalmente porque tenía hambre y aquellas hojas parecían jugosas, no sean mal pensados, no se dio cuenta de todas las cosas ricas que lo rodeaban. Y tuvo que ser Eva quien le descubriese que la manzana estaba muy sabrosa, aunque los libros, que yo sepa, no aclaran si era cruda, asada, en puré o en forma de dulce con canela, como a mi me gusta.

El otoño nos anuncia las mejores manzanas y matanzas y llena nuestros bosques de setas deliciosas, que tampoco es cuestión despreciarlas como seguramente hizo nuestro común antepasado e hicieron mayoritariamente nuestros progenitores gallegos, y los suyos y…

Pero en las últimas décadas nos hemos sacudido los tabúes ancestrales y ya no solo producimos setas, incluso amparadas por el Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica, sino que las consumimos con fruición… y con otros ricos frutos de esta temporada, como las castañas, que poco a poco van haciéndose un hueco en nuestra cocina después de estar casi abandonadas; la caza, que en Galicia siempre es escasa a pesar de la proliferación de jabalíes y corzos por nuestros montes; las fabas de la Mariña lucense aunque sean todas atribuidas a Lourenzá…

También el otoño nos trae los mejores frutos de nuestras rías, como centollas o nécoras o los escasos, y poco conocidos por la mayoría, santiaguiños.

Y llegan las verduras de invierno, grelos, berzas y repollos, que son la verdura nacional de Galicia, aunque en estos tiempos de globalización muchas líneas antes bien definidas ahora se van difuminando.

Y para mojarlo todo, el vino nuevo.

El otoño, además, nos anuncia el invierno, que llegará con capones y lampreas en su amplia cesta. El invierno llegará, pero yo me voy… a merendar algo calentito, que la tarde está desapacible.

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