Risolio, el licor perdido

Risolio, el licor perdido

En la exposición Ao pé do lar, organizada con motivo del Forum Gastronómico de Santiago 2010, se incluía una mención a un licor desconocido por la mayor parte de los gallegos. Bajo el título “El risolio, el licor perdido” se indicaba: “En el siglo XIX se difunde el aguardiente y también el risolio, un licor compuesto de aguardiente mezclado con azúcar, canela, anís y otros ingredientes olorosos. El risolio era muy frecuente en las romerías y fiestas aldeanas, donde las rosquilleiras lo vendían por copas. En el siglo precedente los notables tomaban ya copas de risolio”.

Las afirmaciones del profesor Xabier Castro, catedrático de Historia de la Universidad de Santiago de Compostela y uno de los mejores conocedores de la historia culinaria de Galicia, se ven reforzadas por las innumerables citas literarias sobre la presencia de dicho licor en Galicia.

Por Juan Manuel Pintos (Cuentos de la aldea que parecen historias de la villa y historias de la villa que parecen cuentos de la aldea, 1858) sabemos que el licor se tomaba con la parva en compaña de rosquillas (comida ligera, por la mañana, después del desayuno y antes de la comida): “Directo a una tienda me llevó con gran porfía para una parva pequeña de resolio y de rosquillas”.

Rosalía de Castro, en Cantares Gallegos (1872) da cuenta de lo que se podía encontrar en la romería de la Virgen de la Barca, en Muxía: “… unos que venden limonada, otros agua que refresca, aquellos dulce resolio con rosquillitas de almendra; los de más allá sandías con sabrosas sirigüelas, mientras que algún ciego al son de alegre pandeira, toca un cuarto de guitarra para que bailen las niñas. ¡Bendita la Virgen de la Barca, bendita por siempre jamás sea!

A comienzos del siglo XX Jesús Rodríguez López (Gallegadas con alegrías de la tierra en verso y en prosa, 1908) da pistas sobre la composición del risolio: licor compuesto de aguardiente, azúcar y canela.

Muchos más escriben sobre el resolio o risolio, que aparece en el Tío Marcos da Portela, en la obra de Ramón Cabanillas, Castelao, Carballo Calero, Otero Pedrayo, y una larga lista de autores gallegos.

El último a quien le leo sobre el resolio es al recién desaparecido Fausto Galdo, en su obra póstuma “Abecedario das mantenzas”. Dice: “Resolio. Licor de aguardiente, azúcar, canela y anís mezclados en frío. Muy usado en los pazos y casas grandes hasta la mejora en la elaboración de los aguardientes caseros”. Por primera vez veo la fórmula para preparar el resolio. Lamentablemente Fausto Galdo no indica el origen de la receta, pero conociendo el tesoro bibliográfico que guarbada en su casa no dudo de que salió de alguno de los muchos libros que poseía.

La receta es la siguiente: “Hacer una infusión o café de olla con 100 gramos de café molido en un litro de agua, colarlo y aumentarle dos litros más de agua. Añadir dos o tres cabezas de clavo, anís estrellado, un palo de canela y dos kilos de azúcar  tostado, hecho ya caramelo. Dejarlo hervir 15 minutos. Una vez frío, colarlo para mezclarlo con dos litros de aguardiente”.

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