FIN DE FIESTA CON SOPAS DE AJO

FIN DE FIESTA CON SOPAS DE AJO

Miguel Vila

Un año más, las cámaras de la televisión darán buena cuenta de esa manera tan indigesta que tenemos ahora de terminar las grandes fiestas, es decir, aquellas que se prolongan toda la noche y en las que se ingiere más alcohol del que se debe. Hace ya mucho tiempo que el chocolate con churros se puso de moda como remate de la fiesta y preparación del estómago antes de ir a dormir un sueño reparador, pero no siempre se consiguen los resultados deseados y la contundencia de esa última comida de la noche, o primera de la mañana, hace grandes estragos.

El chocolate con churros es una merienda deliciosa, pero tomada antes de ir para la cama y con el estómago estropeado por los excesos de la noche, se convierte en un arma de destrucción masiva, con el chocolate y churros luchando en la andorga hasta que la digestión hace su labor. Antiguamente el chocolate se servía acompañado de un vasito de leche fría o, más habitual, de un gran vaso de agua frío que ayudaban a la cocedura. La costumbre se perdió, como tantos otros, y ahora los incautos caen inocentemente en las zarpas del chocolate.

En Galicia, y de antiguo, tenemos un remedio mucho mejor para finalizar la fiesta y después dormir como engelitos: las sopas de ajo. Un remedio que seguro emplean en muchos otros lugares.

Hubo un tiempo en que ninguna fiesta que se preciase terminaba sin el reparto de las tradicionales sopas de ajo, que se preparan en un momentito y se toman sin ningún esfuerzo. No me pregunten el porque, que mi saber no llega a tales profundidades sino que se queda en la propia experiencia personal y la de los que me rodean, pero un plato de sopas de ajo, calentitas y ligeramente picantes, es lo mejor que hay antes de irse a la cama, siempre que después de la fiesta uno desee dormir, que para otros menesteres el aroma del ajo seguramente no va a ser lo más idóneo.

Hoy son pocos los lugares donde se preparan las sopas de ajo para fin de fiesta. Con lo mal que han hablado algunos del ajo y el aire de prestigio que tiene el chocolate “a la taza” (que siempre fue bebida de curas y señoritos) es normal que el segundo vaya desplazando a la primera, y más en una sociedad como la nuestra en la que muchas veces imperan más las formas que los contenidos.

Yo, que por estas fechas no pongo un pie en la calle para asistir la ningún tipo de fiesta, siempre miro en los periódicos los anuncios de restaurantes y hoteles que celebran fiestas de Nochevieja o Reyes, buscando fundamentalmente su oferta de final de fiesta. Nunca iría a los que ofrecen chocolate con churros, que son la mayoría, pero siempre encuentro algún lugar donde las sopas de ajo siguen vivas. Casi siempre son casas de turismo rural.

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