ENVEJECER

ENVEJECER

Antonio Portela, O Viticólogo dos Bagos

La enorme riqueza varietal y la variedad de suelos y microclimas conjugados con las diferentes técnicas enológicas origina las múltiples posibilidades que se disponen para elaborar un vino.

En la enotecnia junto a las continuas innovaciones que se van aplicando, a veces de manera indiscriminada, también se recuperan sistemas de elaboración tradicionales perfeccionados.

En cuanto a materia prima, las variedades de vitis vinifera se diferencian por sus características que definen las potencialidades de cada una de ellas para ser elaboradas; así se clasifican entre otras cualidades por la carga aromática y también se pueden distinguir variedades con vocación de durar en el tiempo, adquiriendo con el envejecimiento otros matices, ganando complejidad y profundidad.

Del albariño es conocida entre otras la primera cualidad, mas sobre su longevidad pesaban muchas dudas, sobre todo para los consumidores finales del vino en los que funciona/funcionaba  la regla del “albariño del año”.  Año tras año este perjuicio, asentado durante los últimos decenios, va perdiendo fieles  ganando adeptos por el contrario la confianza en la guarda del vino blanco de estas tierriñas, sin importar que la etiqueta refiera una añada pasada uno, dos, tres años o… Una vez que se asiente está creencia verdadera pasaremos a otra en la que seguramente los vinos mejor valorados serán aquellos más longevos de añadas excepcionales…

Vamos dando tumbos, estuvimos a punto de mandar a las colecciones ampelográficas numerosas variedades autóctonas, algunas de ellas con un presente pujante como el godello pero que había llegado a quedar reducida a unas pocas hectáreas, pasando luego por la manía de las variedades mejorantes, en nuestro caso reducida, a Dios gracias, a los tintos. El tumbo que nos ocupaba estos años pasados era el de la “crianza” del albariño, tiempos y añadas invertidas en pasar por la madera a una variedad de elevadísimo potencial aromático y acusada personalidad, que en la gra mayoría de las ocasiones quedaba reducida, o más sutilmente no dejaba otro recuerdo que los de la madera, cuando no el del simple tablero golpeando las papilas y la pituitaria, y la de su precio a conciencia.

Pero avanzamos y la esencia de las cosas y el sentido común termina por aflorar, los charlatanes quedan mudos y los que no tienen argumentos… pues imitan, como en todos los sectores de la vida. Ahora estamos en condiciones de afirmar que todo es posible con esta casta, entre otras, como la dulzura o las burbujas, y con más argumentos aun las crianzas idóneas: por tamaños, usos y orígenes de las maderas empleadas. Aunque siga habiendo prescriptores, sobre todo no gallegos, que defiendan la idea de la incompatibilidad del  albariño con la madera; normal, fueron demasiadas añadas educados en otros conceptos de esta variedad,  sin embargo de vez en cuando nos sorprenden vinos de esas añadas, que sin ser elaborados con vocación de duración en el tiempo, nos muestran su potencial de envejecimiento, su faz longeva.

Antes bien los que siempre rechazaron el contacto del albariño con la madera han optado desde hace tiempo por la crianza sobre lías, sobre todo en depósitos de acero, a veces con procesos demasiado extractivos o “liosos” que aburren hasta al apuntador por uniformizar en aromas y paso de boca y ocultar el carácter más primario y el origen de muchos de ellos, pero en los que afinan con este tipo de elaboración los resultados son de gran interés para la longevidad y las cualidades de los vinos:  vinos viejos que no tienen contacto con la madera buscando el potencial de envejecimiento que posee el albariño y que huyen del consumo inmediato del año.

En el caso de los adeptos al paso por madera los experimentos han pasado por el tamaño de los recipientes, de menor a mayor capacidad, por el número de usos de los mismos, de nuevos a tener más de un uso, por el momento del paso por la madera: en la fermentación, en la fermentación maloláctica, en las dos, en las anteriores fases más en la crianza, en la crianza sólo, etc. Los resultados son vinos con más integración vino- madera, con esta ya en un segundo plano, y una evolución que disfrutaremos con el tiempo.

IV Cata de las Añadas Rías Baixas

En las zonas vitivinícolas donde aún estamos vislumbrando nuestras potencialidades, donde  añada tras añada vamos descubriendo nuevos retos y unas metas más elevadas, son fundamentales, para ir hacia la máxima expresión de lo que somos y de lo que podemos llegar a representar en el universo del vino, actos como la Cata de las Añadas. Una cata para presentar e ir asentando en el mundo vino, y así llegar al imaginario del consumidor final, a las verdaderas caras, y no la de los perjuicios, de los vinos de las Rías Baixas.

Las grandes catedrales del vino ya han recorrido este camino hace siglos gracias a la transmisión generacional , y a la labor monástica, marcando una guía que los sucesivos relevos de labradores de viñas supieron aprovechar.

Galicia, y sobre todo la denominación de origen Rías Baixas, tiene un potencial escondido, nunca puesto en su auténtico valor, potencial sepultado por la falta de autoestima y el desconocimiento de lo propio, buscando en otras entidades culturales o vitícolas sus referencias.

Estamos insertados en un proceso emocionante, vivimos momentos de trabajo, de construcción de lo que seremos, de asentamiento de los pilares sobre los que descansará el futuro más esplendoroso de los vinos de las Rías Baixas y de toda Galicia.

La Cata de las Añadas hace visible, visualiza, centra el objetivo y hace que los focos alumbren en uno de los factores que pondrán a los vinos blancos de las Rías Baixas al mismo nivel de los grandes blancos del mundo: su longevidad.

Este objetivo requiere viticultores, elaboradores y organismos a la altura de tal propósito. No valen elaboraciones mediocres o destinadas a cubrir el expediente, es necesario aplicar las suficientes dosis de ambición que nos vayan trasladando más allá.

En esta IV Cata de las Añadas comprobamos lo que ya sabemos: que el terroir de la Rías Baixas, originado por la conjunción de castas adaptadas a su microclimas y a sus suelos, y capaces de darnos vinos que con el tiempo alcanzan niveles de complejidad y elegancia que los han de llevar al Olimpo de los vinos. Solo faltaba el último factor de la ecuación de un terroir: el hombre que lo interpreta.

 Asimismo también hemos comprobado en esta edición de la Cata de las Añadas que hay viticultores y elaboradores que necesitan unos grados más de ambición…  sino han de quedar rezagados o descolgados en este viaje que ya no tiene vuelta atrás.

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