Pero Bernal, un vino que trasciende las tierras de San Fiz

Pero Bernal, un vino que trasciende las tierras de San Fiz

Antonio Portela, O Viticólogo dos Bagos.

Hay terriñas excelsas, diseñadas por la naturaleza para dar origen a vinos que trasciendan, que nos enseñen algo más, o nos trasladen más allá, y que lleven por el mundo adelante la esencia del paisaje de las mil tierras de Galicia.

En el seno de las indicaciones reglamentarias que tenemos en la actualidad (cinco denominaciones y tres vinos de la tierra) y dentro de las diferentes subzonas, valles, riberas o parroquias que estas poseen, existen terriñas que pertenecen al linaje de los grandes terroirs del mundo. Muchos de ellos escondidos durante decenios bajo vinos mediocres que ruegan por un vigneron que destape y libere la esencia de la tierra, de los cepajes y de su climat en una botella y de ella a nuestras copas.

Para descubrir muchos de estos territorios, en una labor como la de los arqueólogos que leen entre castros y demás hallazgos nuestra milenaria historia, acudimos en algunos casos a las siempre certeras palabras de nuestros ancestros basadas en sus experiencias amantes y devotas del país. Hablando de vinos don Álvaro Cunqueiro nos ayuda a descubrir y en su caso confirmar por medio de su lupa grandes terriñas del vino. Hoy San Fiz:

Miño abajo, está el país de Chantada, con los ribeiros miñotos de Asma y de San Fiz, con las viñas de Belesar: aquí mejoran los vinos, más los tintos que los blancos, y hay cepas de caíño – de caliginus, es decir, oscuro, sombrío-, y de mencía, la buena leonesa. Para mí, los mejores son los tintos de San Fiz, que las monjas de Chouzao mandaban a sus hermanas de San Paio de Antealtares, en Compostela. Son muy serios estos vinos chantadinos, con un cuerpo liviano y suave, y aunque tintos se pueden beber frescos, con el frescor de las bodegas de la ribera derecha del Miño en Belesar. Yo recordaré siempre de un día que fui allá, y estaba llenando el embalse de Belesar, y ya habían cubierto las aguas el viejo puente, que parece que fue romano y luego rehecho en los días medievales, y de la corteza de las aguas aún surgían las ramas de unos melocotoneros, floridas en rojo, que era comienzos de mayo, y yo bebía del vino de la bodega, sentado a la puerta de esta, y me parecía melancólico, pero la tristeza era mía, de ver tanta tierra y aquellas flores rojillas ahogar en las aguas oscuras de la presa…”

En los tiempos que andamos, algunos llevamos las alforjas vacías pero el espíritu lleno, y sobre todo en los tiempos hacia donde nos dirigimos: tiempos donde se definan con plenitud los valles y las riberas sagradas, valles y riberas de ríos diferentes que atravesando estos espacios sagrados los moldean, con suelos distintos acogiendo sus raigambres, de variadas orientaciones para mirar el sol con los aires que les acerca el atlántico señalando temperaturas y lluvias diversas, en ese tiempo sentiremos algo parecido al que llenaba la taza del Cunqueiro, luego la expresión de la Ribeira Sacra de Chantada tendrá una identidad que ahora ya vamos intuyendo en muchos de sus vinos. Una demostración de eso fue la Feria del Vino de Chantada de este año, a la que no pude asistir, pero que las crónicas refieren de grandes promesas vínicas.

Pero Bernal 2010. Mencía. Bodegas Amedo. San Fiz (Chantada). D.O. Ribeira Sacra

Conjuga moras y rojos frutos con las hierbas aromáticas balsámicas y pequeñas flores silvestres en el ambiente del campo a media mañana. Entra por la boca con la sensación suave de la fruta madura en la entrada, que pronto es frescor por su paso acompañado de una tanicidad rugosa y una agradecida acidez.

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