Régoa, o el devenir de los años de la Ribeira Sacra en una botella

Régoa, o el devenir de los años de la Ribeira Sacra en una botella

Texto y fotografías: Patricia Fernández

La historia de Régoa va ligada estrecha e irremediablemente a la de Jose María Prieto, su creador, un hombre del que destacaría dos cualidades: inteligencia y paciencia, factores imprescindibles para emprender un proyecto como este, en el que echar abajo todos los estereotipos e ideas preconcebidas alrededor de los vinos de la Ribeira Sacra y su recorrido vital. Jose María recogió el testigo familiar del cultivo de viñedos de la zona pero su carácter reflexivo lo convirtió en un bodeguero arriesgado y pionero en el uso de barricas y en la elaboración de vinos de guarda, en esta zona que, hasta el momento, contaba con unas elaboraciones tan herméticas dedicadas sólo a vinos de año. Ángel Anocibar, enólogo de Abadía Retuerta, no dudó en animarlo en esta aventura, en la que le ayudaron sus conocimientos de bioquímica y biotecnología. Tras poner la primera piedra, en forma de conocimiento, Prieto plantó las cepas y, tras esperar los años pertinentes, hizo su bodega, la cual vio sus primeras añadas en 2006 y 2007.

En esos momentos su idea inicial se mantenía intacta, hacer vinos con recorrido que mejoren en sus 10 primeros años. Si el “experimento” salía bien sería una inversión más fiable que la del ladrillo. ¡Y vaya si salió bien…!

Los vinos de la bodega Régoa destacan por su complejidad y estructura en boca. Son vinos intensos y con muchos matices, algunos de los cuales oscilan a lo largo de la copa entre la frescura y la barrica. Estamos ante unos vinos de un marcado carácter atlántico que presentan tanto en nariz como en boca, una fruta muy intensa y una acentuada mineralidad. Todos ellos están elaborados en la misma finca, 11 hectáreas en el corazón de Amandi desde las que gestionan en el propio viñedo factores como el PH, algo fundamental para la pervivencia del vino, que en estos vinos está en el 3,4%; los ponifenoles y los antocianos; así como los aromas, con fermentación de levaduras autóctonas.

Estos vinos, tremendamente gastronómicos, están pensados para ganar en matices cada año, a pesar de las premoniciones de algunos. Cierto catador internacional de vinos escribió una vez que el vino Régoa era excelente pero que habría que beberlo antes de que pasase un año, momento en el que le auguraba su muerte. Jose María, el propietario de la bodega, estaría encantado de poder enviarle a día de hoy unas botellas de aquel que dio por difunto, para demostrarle que goza de muy buena salud.

El pasado jueves 2 de junio se celebró una cata vertical en el Centro do Viño de Ribeira Sacra, en Monforte. Territorio neutral en el que se dio cita a enólogos y periodistas deseosos de conocer más de cerca este apasionante proyecto contado de las manos de su propio creador y conducidos vino a vino de la mano de Humberto Loureiro, el sumiller anfitrión. Desde Régoa 2012, 2011, 2009, 2008, pasando por el Caíño 2013, que aún no ha salido al mercado, hasta los Régoa TN, de uvas seleccionadas. Aquí tuvimos la oportunidad de probar auténticas joyas como el TN 2008, TN 2009, espectacular, o TN 2011, para terminar con uno de los tesoros de la bodega, Iria 2008, un vino piteiro que aún no ha salido de la bodega dado las dudas de Prieto sobre darle un poco más de tiempo para que termine de redondearse. Sorprende la gran diferencia de matices entre una añada y otra, pero todos sus vinos son totalmente reconocibles, con una identidad propia, una finura grandiosa y mucho mensaje.

Gracias Jose María por enseñarnos estos tesoros durmientes y por saber esperar el momento idóneo para despertarlos. La Ribeira Sacra es susceptible de crianza y aquí está la prueba.Los mitos y los credos son luchas heroicas para comprender la verdad del mundo, y aquí ya hemos desmontado uno. ¡Larga vida a la Ribeira Sacra!

Texto y fotografías: Patricia Fernández

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