Micromecenas salvan una finca de cepas centenarias de Garnacha Tintorera en la D.O. Valdeorras

Micromecenas salvan una finca de cepas centenarias de Garnacha Tintorera en la D.O. Valdeorras

Entrevistamos a Javier García, promotor de la iniciativa “Cepas del siglo XIX, vino del siglo XXI”, que ya ha conseguido reunir el dinero para sacar adelante su proyecto.

Javier García inició una aventura hace semanas que tenía como objetivo recuperar una hectárea de viñedo en Petín, dentro de la denominación de origen Valdeorras, en la que quedan unas 700 cepas de Garnacha tintorera, de unos 120 años de antigüedad. Y lo ha conseguido. Ya ha logrado reunir el dinero que necesita para completar su inversión personal en el proyecto, 9.000€, y así poder comprar los terrenos a sus actuales propietarios. Una batalla contrarreloj para salvar unas cepas con un alto valor histórico y sentimental, que considera que deben seguir formando parte de la oferta vitivinícola de la zona.

El mundo no para, y cada vez va más rápido, pero creo que difícilmente podemos saber a dónde vamos si no sabemos de dónde venimos.

Javier García cuenta con, además, con una amplia experiencia en el sector, ya que es socio de Bodegas Sampayolo (D.O. Valdeorras) y ha heredado de sus abuelos y sus padres el oficio de viticultor. Y aunque le respalda su trabajo profesional, sus palabras transmiten lo más importante: el cariño, el respeto y la ilusión de todos los pequeños empresarios que luchan día a día por nuestra cultura enogastronómica.

BB. Parece que últimamente lo viejo ya no vale y solo nos fijamos en lo nuevo. Tu proyecto defiende justo lo contrario. ¿Por qué te fijaste en esas cepas?
JG. No todo lo moderno es nuevo, ni todo lo antiguo es viejo. La garnacha ha estado en Galicia desde hace siglos y desde siempre tenemos escritos alabando sus vinos. El problema es que poco a poco las pequeñas parcelas de Garnacha se han ido arrancando para plantar otras variedades más atractivas para el mercado y más rentables para el viticultor. Yo creo que hay sitio para todos.

BB ¿Qué historia hay detrás de la parcela que vas a recuperar?
JG. Mi abuelo trabajaba esa viña cuando era joven, y siempre me decía que era la mejor del pueblo.

BB El crowdfunding aplicado a la recuperación de viñas es algo poco usual y una perfecta combinación de gastronomía, historia y últimas tendencias. ¿Por qué tomaste la decisión? ¿Qué acogida está teniendo?
JG. La decisión está basada en dos premisas. La primera me quedó clara mientras estudiaba la carrera de Empresariales en Santiago: » los bancos sólo le dejan dinero al que es capaz de demostrar que no le hace falta». Y la otra la me la enseñó mi antiguo jefe (hoy amigo) Javier López y en la actualidad Director de la Fundación Pedro Barrié de la Maza, que siempre me decía que «si el proyecto es bueno, el dinero aparece».

La acogida que está teniendo es espectacular. Ha sobrepasado todas mis expectativas. Empezaron apoyando el proyecto amigos y conocidos, y ahora mismo ya no conozco a nadie. Me ha escrito gente de Madrid, Alicante, Bilbao, Granada, Barcelona … Hay incluso mecenas de Brasil, Francia y E.E.U.U. También están apoyando el proyecto hosteleros, distribuidores y bodegas de muchas denominaciones de origen de España.

De momento estoy aplicando una técnica que se inventó hace unos 3.000 años que se llama » abonar con abono animal a golpe de azada hasta que te aguanten los riñones”.

BB. Ya estás elaborando vino con las uvas de la finca que estás recuperando, ¿qué destacarías en el resultado y de la variedad?
JG. La Garnacha era la gran denostada de la viticultura gallega (parece que eso está cambiando), porque generalmente se vinculaba a vinos de baja graduación y de trago largo, asociado a cepas jóvenes y de demasiada producción. Las cepas de esta finca son muy viejas y tienen una producción muy escasa, pero de una gran calidad, que te permite hacer maravillas con ellas. El vino tiene una capa muy alta, color granate intenso y con una lágrima densa que da pistas sobre su alta graduación. En nariz es arrollador, con toques de fruta roja madura, mermeladas, e incluso detalles de vainilla y repostería fina que nos recuerdan su paso por madera. Boca densa, contundente, al tiempo que aterciopelada, con largo y persistente retro gusto. Es un vino que ya ganó muchos los premios y tiene el reconocimiento de hosteleros, sumilleres y amantes del buen vino. No obstante es un vino de extremos: o no te gusta o te enamora.

BB. ¿Qué esperas conseguir con la recuperación además de más volumen de producción? ¿Vas a aplicar alguna técnica específica o crees que con más cuidados podrías sacar más partido aún a la calidad del vino?
JG. De momento estoy aplicando una técnica que se inventó hace unos 3.000 años que se llama » abonar con abono animal a golpe de azada hasta que te aguanten los riñones”. Son cepas muy viejas y hay que mimarlas: abono, mineral, podas muy cortas, ausencia de herbicidas…
Si mimas a la cepa ella te lo devuelve en forma de una mayor calidad en sus frutos.

BB. ¿Crees que este tipo de iniciativas, que van a contracorriente, se deberían extender? ¿Estamos dejando morir una parte de nuestra historia y de nuestra riqueza natural?
JG. Son vinos excepcionales, pero muy escasos, ya que cada día hay menos parcelas de Garnacha vieja, que es el ingrediente necesario para hacerlos. Todas las bodegas que elaboramos este tipos de vinos hacemos partidas muy limitadas y no podemos hacer mucha más cantidad ya que bajaríamos la calidad del producto. Por desgracia, sí creo que estamos dejando morir parte de nuestra historia. El mundo no para, y cada vez va más rápido, pero creo que difícilmente podemos saber a dónde vamos, si no sabemos de dónde venimos.

Todavía se recogen aportaciones para el proyecto, con diferentes modalidades de mecenazgo. Más información: www.lanzanos.com/proyectos/garnacha-vella-centenaria

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